Categoría: La piel que habito
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Aceptar que ni mi cariño ni mis ganas avanzaban para salvarte.
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A tiempo entendí, que yo solo era un pájaro amarrado en una prisión que nunca debió ser mía.
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Cuando la noche era nuestra y toda tu piel era una única declaración de amor, tu cuello, tu cabello y tus párpados me pertenecían, y en un intento de hacernos infinitos, te susurraba que jugáramos al destino y le hiciéramos trampas al sol. Ahora ya no estás, mi amor, pero creo que te sigo pidiendo…