El amor no duele
Suenan sus pisadas sobre las hojas secas.
Se acerca lentamente y
en un arrullo apenas perceptible,
sus brazos rodean mis heridas,
y reconocen poco a poco,
los restos de lo que fue mi piel.
Me besa sin premura, sin prejuicios,
haciéndome creer que el amor no duele
y las esperas no deben alargarse.
Me quita de encima la coraza,
y abajo de ella encuentra un corazón roto
que apenas sabe como bombear sin sentir dolor.
Pero él no se asusta y,
como si fuera una reanimación boca a boca,
me da el oxígeno que se había esfumado de mis pulmones.
Acaricia mis cicatrices y retira la mano con cariño
cuando ve que mi mano es quien, ahora,
acaricia la piel nueva y rosada.
Me espera.
Me espera y me observa.
Me espera y anhela.
Y yo veo, maravillada,
como ahora mi paz es la suya,
mi desvelo, su desvelo
y la libertad es la nuestra.
“El amor no duele, cariño” me susurra en el oído.
“Contigo, el amor ya no duele, corazón” le respondo con cariño.
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